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La Teoría de Juegos de John Nash y Grecia

por Carlos Montero Hace 9 años
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La economía y las finanzas sufrieron dos tragedias en la última semana: la más humana con la muerte del premio Nobel John Nash y su esposa en un accidente de tráfico, y la puramente económica con más retrasos en las negociaciones entre Grecia y sus acreedores para llegar a un acuerdo y salir de la costosa y prolongada crisis.

 

Un resultado mutuamente beneficioso aliviaría el largo sufrimiento de los ciudadanos griegos que han sido devastados por el desempleo, la reducción de los ingresos y la difusión de la pobreza. También reforzaría la credibilidad, la integridad y la solidez de la zona euro como una entidad económica, financiera y política viable. Y eliminaría una de las incertidumbres que impiden que la economía global logre un ritmo de crecimiento coherente con su potencial.

A primera vista parece que hay poco unión entre las dos tragedias. Sin embargo, la teoría de juegos de la que John Nash fue pionero - incluyendo el concepto del "juego cooperativo" - arroja luz sobre lo que está sucediendo en Grecia, y ayudan a explicar por qué es poco probable que tenga un final feliz en el corto plazo.

En un juego cooperativo, los jugadores se coordinan para lograr mejores resultados que los que probablemente prevalecerían en ausencia de dicha coordinación. Si el juego no se juega cooperativamente, sin embargo, el resultado es lamentable para todos los jugadores.

Esta simple idea describe con precisión el drama griego prolongado, incluyendo las prisas que tiene el Grupo de los Siete para encontrar otra manera de "patear la lata por el camino".

En el nivel más simple de análisis, Grecia está tratando de recuperar el crecimiento económico, crear empleos y restaurar su viabilidad financiera, sin dejar de ser parte de la moneda única. Sus socios europeos, en colaboración con el Fondo Monetario Internacional, comparten estos objetivos, siempre que su consecución no imponga una carga desproporcionadamente pesada en otros estados de la zona euro en términos de finanzas y aceptabilidad política, y no establezca un mal ejemplo para futuras crisis.

El problema, en términos de la teoría de juegos, es que es un juego que necesita ser jugado cooperativamente para lograr el resultado deseado continúa jugándose de forma no cooperativa. Las razones del lamentable estado de las cosas son comprensibles (vía Mohamed El-Erian):

1. Hay poca confianza entre Grecia y sus acreedores (en este caso, el Banco Central Europeo, la Unión Europea y el FMI).

2. Las partes no han definido un entendimiento común del problema, mucho menos una solución.
 
3. El proceso que asegura que los compromisos políticos y financieros se cumplen es irregular y a menudo controvertido, en parte debido a un trasfondo político: El gobierno griego no quiere que sus ciudadanos le vean como subordinado a las otras naciones europeas y los países no quieren ser vistos como rehenes financieros de las políticas griegas.
 
4. Y el funcionamiento de la coalición de los acreedores (antes conocida como la troika) está lejos de ser bueno.
 
Sesudos economistas como el premio Nobel Michael Spence han ampliado este concepto de un juego cooperativo jugado de forma no cooperativa a disfunciones más amplias que influyen en la economía global. Este tipo de juego apunta a costos que superan con creces los resultados esperados; también implica la posibilidad de daños colaterales y consecuencias no deseadas.

Hay por lo menos cuatro maneras de transformar los juegos no cooperativos en cooperativos. Por desgracia, estos enfoques serían ineficaces en el caso de Grecia.

Uno de ellos implica el uso de la condicionalidad de dos caras y el apoyo mutuo como agente de transformación: por ejemplo, al premiar la aplicación de reformas económicas con la disponibilidad de financiamiento externo. Esto ha sido probado en Grecia, pero los resultados se han quedado cortos, lo que ha disminuido la eficacia de esta herramienta. En concreto, el éxito griego a la hora de cumplir sus promesas de reforma política ha estado lejos de ser perfecto; y sus acreedores no han dado la ayuda suficiente en cuanto a alivio de deuda y efectivo que necesita el país.

Una segunda forma implica un impulso externo decisivo. En el caso de Grecia y sus acreedores, este papel ha sido desempeñado por el miedo, sobre todo el temor a que la economía griega pudiera implosionar, lo que obligaría a sacarla fuera de la zona euro. Esto ha avivado el temor adicional de que tal resultado desestabilizaría a otras economías de la zona euro, amenazando la integridad del grupo de la moneda única y perturbando la economía global.

Y el miedo es un agente de transformación inconsistente porque su impacto es difícil de sostener. Tan pronto como se disipa, todas las partes vuelven a su comportamiento no cooperativo. Y esto es lo que ha sucedido en este caso, por lo menos desde 2010.

Una tercera alternativa consiste en la entrada de nuevos actores que estén dispuestos y sean capaces de dejar de lado los legados de la no cooperación. En la Europa de hoy, sin embargo, la realidad política es que los nuevos jugadores tienden a ser aún más escépticos que sus predecesores. La victoria electoral de Syriza en Grecia es un ejemplo de ello.

Por último, desarrollos mutuamente beneficiosos podrían convencer a ambas partes a trabajar juntos más estrechamente. Lamentablemente, este no ha sido el caso de Grecia y sus socios europeos, dado el limitado progreso en el terreno.

La evaluación del drama griego a través de la teoría de juegos explica por qué la crisis - y la cuestión sobre si Grecia debe o no mantenerse en la eurozona - está lejos estar resuelta. La aplicación de la teoría de Nash muestra que lo mejor que podemos esperar de manera realista es otro intento de posponer decisiones dolorosas. Pero incluso este resultado inadecuado es cada vez más difícil de acordar, y si se materializa, el retraso resultante dará lugar a una situación aún más difícil, a menos que los jugadores decidan dejar su juego no cooperativo muy pronto.


Fuentes: Mohamed El-Erian en Bloomberg


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