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10 consecuencias de la crisis de los productos básicos

por Carlos Montero Hace 6 años
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Probablemente el aspecto más dramático de principios del 2015 para la economía mundial es el nivel históricamente bajo de los precios de las materias primas. Los precios del crudo han caído un 50 por ciento desde junio. Pero el petróleo no es el único producto que se ha desplomado. Desde su punto máximo en febrero de 2011, los precios del cobre han descendido un 38 por ciento y los precios del mineral de hierro han bajado un asombroso 63 por ciento.

Predecir el futuro es una ocupación peligrosa. La mayoría de los analistas no pronosticaron la dramática caída que se ha producido. Algunos analistas y el mercado de futuros del petróleo esperan que los precios desciendan incluso más, antes de aumentar a $65 por barril en los próximos dos o tres años, mientras que otros creen que los precios subirán lentamente a 100 dólares por barril en el mismo período de tiempo.

Por otro lado, dada la estrategia establecida por la OPEP de mantener la cuota de mercado y el impacto de la industria del petróleo de esquisto en los EE.UU., algunos analistas creen que la nueva normalidad es de un barril de petróleo en torno a los 50 dólares.

Estos pronósticos dependen de muchas incertidumbres geopolíticas y de mercado, y la trayectoria de los precios de las diferentes materias primas también dependerá de factores específicos del mercado. Sólo podemos estar seguros de una cosa, con las tensiones geopolíticas y la agitación de la industria, la volatilidad seguirá siendo la norma en los mercados de los productos básicos.

Para los consumidores y las empresas de las economías que importan energía, los precios bajos son una bendición. Pero la caída actual de los precios de las materias primas ya está impactando en el bienestar de los ciudadanos de los países en desarrollo, los países ricos con recursos naturales, y los gobiernos de todo el mundo que intentan lidiar con unas expectativas de precios de las materias primas que no se han materializado. ¿Cuáles serán las consecuencias para los gobiernos de estos países a menudo pobres, pero ricos en recursos? He aquí la lista de las 10 principales, vía Financial Times:

 

1. Déficit presupuestarios y aumento de los préstamos

La mayoría de los gobiernos que dependen del petróleo y de los minerales sufrirán un déficit presupuestario en 2015. Esto no es inusual, pero el tamaño de su déficit este año será sorprendentemente alto. Arabia Saudita espera un déficit de 38.600 millones de dólares (5 por ciento del PIB), y el estado norteamericano de Alaska 3.500 millones (el 7 por ciento del PIB). Por suerte, ambos tienen fondos petroleros a los que pueden recurrir para estabilizar el gasto. Venezuela, con un déficit del 17 por ciento del PIB, y Yemen, con una previsión de déficit del 9,5 por ciento del PIB, están menos preparados, ya que deben endeudarse internacionalmente para mantener el gasto corriente.

 

2. Dolorosos ajustes fiscales y la necesidad de adoptar sistemas para gestionarlos

Los gobiernos que no han puesto en marcha mecanismos eficaces de protección, incluidos los de Alberta (Canadá) y Malasia, se enfrentan a recortes dolorosos, mayores costos de los préstamos, aumentos de impuestos, e incluso el riesgo de impago. Sin embargo, las economías bien preparadas, como Chile y Noruega, demostrarán que la gestión macroeconómica prudente, las reglas fiscales y los mecanismos de estabilización fiscal (como los fondos soberanos) pueden ser herramientas fundamentales para evitar ajustes dolorosos cuando los precios caen inesperadamente.

 

3. Caídas de las divisas: una mayor inflación, y oportunidades para las exportaciones no petroleras

Muchos exportadores de materias primas están experimentando grandes caídas en sus tipos de cambio, y un aumento de la inflación. Si bien habrá costos a corto plazo para los consumidores, esto podría impulsar la competitividad de otros sectores como la agricultura o la manufactura. Con un impulso adicional en forma de inversiones públicas y políticas comerciales, esto podría allanar el camino a las economías más diversificadas, lo que significa una menor exposición a los shocks de precios de los productos básicos.

 

4. Oportunidad para reformar los subsidios de combustible

Los precios de la gasolina están disminuyendo, junto con los costos para los gobiernos que imprudentemente comprometieron subsidios. Países como Indonesia ya están aprovechando esto como una oportunidad para eliminar los subsidios, con buenas perspectivas a largo plazo para las finanzas públicas y programas sociales más específicos. Los gobiernos de otros países, como Nigeria, parecen estar perdiendo la oportunidad de eliminar unos precios del combustible artificialmente baratos.

 

5. Un mayor consumo de combustible a base de carbono

La gasolina más barata también significa un mayor consumo de combustible y menores esfuerzos para la eficiencia energética, lo que podría socavar la lucha mundial contra el calentamiento global. Ahora podría ser un buen momento para que los gobiernos introduzcan impuestos sobre el carbono y otras políticas de eficiencia energética para contrarrestar esta tendencia.

 

6. Menor inversión de capital y proyectos retrasados o cancelados

Los precios de las acciones de las grandes compañías petroleras, mineras y de gas han caído, y el capital se aleja del sector. Muchos países en desarrollo están poniendo grandes esperanzas en las nuevas inversiones basadas en recursos naturales: corredores de crecimiento en Guinea y Mozambique, refinerías en Uganda, gas natural en Tanzania, la asignación de licencias de petróleo para productores nuevos o futuros como Liberia o Uganda. Como los inversores van a revisar sus gastos de capital para los próximos años, estos desarrollos podrían no materializarse durante más de una década.

 

7. Baja generación de renta y presión de los incentivos fiscales para mantener la inversión en renta

Hace apenas un par de años, muchos analistas de la industria dijeron que los altos precios de las materias primas provocaron un aumento de la nacionalización de los recursos (los gobiernos utilizan el entorno de precios altos para renegociar los términos contractuales). A medida que esta tendencia se invierte, esperamos ver casos de países que recortar las regalías y los impuestos bajo amenazas de cierres en la industria.

 

8. Riesgos y oportunidades para las empresas de propiedad estatal

Ya estamos viendo empresas de propiedad estatal que están reduciendo sus contribuciones a los ingresos del gobierno. Sin embargo, como el capital privado se vuelve menos disponible, algunos gobiernos con recursos financieros podrían ver una oportunidad de intervenir y financiar más actividades de exploración. Los costos de la industria están bajando, con menores costos de energía y un aumento de la competencia entre los subcontratistas. En aquellos mercados de materias primas donde se espera que los precios vayan a repuntar en el largo plazo, podría ser una oportunidad para avanzar en la exploración pública de los activos del subsuelo para obtener ventajas de subidas de precios futuras.

 

9. Podrían estar bajo amenaza importantes reformas de gobernanza

Los recortes presupuestarios deben alentar a algunos gobiernos a proseguir con los procesos administrativos eficientes, aumentar la competitividad comercial, y comunicarse más honestamente con los ciudadanos, incluso a través de una fuerte aplicación de la nueva norma de la EITI. Pero también es posible que el "momento incómodo" de la desaceleración de los precios pudiera representar una amenaza para el éxito a corto plazo de las reformas institucionales ambiciosas en productores establecidos tales como México, donde los líderes han apostado su reputación en los beneficios que traerá la competencia al sector petrolero.

 

10. Un aumento en la competencia política que podría empeorar la represión y los conflictos

Es aún demasiado pronto para decir si los precios de las materias primas mitigarán o exacerbarán la represión política en países como Azerbaiyán, y los conflictos actuales relacionados con los recursos en Libia, Sudán del Sur e Irak. Una reducción de los ingresos disponibles para que los gobiernos puedan comprar la paz social puede provocar conflictos en países como Bahréin, donde los líderes han utilizado los ingresos de los recursos para mantener a raya la insatisfacción.


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