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A los inversores les gusta que sus compañías les paguen recomprando sus propios títulos

por Carlos Montero Hace 1 mes
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Hace unos días Repsol comunicó su estrategia para los próximos años, en la que resaltó un cambio en su política de dividendos. Dejará atrás el "scrip dividend" y pagará a sus accionistas en efectivo y la recompra de acciones. ¿Resultado? Muy fuertes subidas de la petrolera en bolsa.  Y es que en las últimas décadas, las empresas han cambiado la forma en la cual distribuyen efectivo a sus accionistas: cada vez son menos las que eligen pagar altos dividendos y, en cambio, se vuelcan más hacia las recompras de sus propios títulos.

¿De qué manera sustituye esto al pago de dividendos? Simplemente, cuando una compañía hace esto, el tamaño de la torta (su valor) sigue siendo el mismo. Pero la cantidad de porciones (acciones) disminuye. Es decir que cada una debería tener un precio más alto.

Existe una clara relación positiva entre la cotización de un título y sus ganancias o su valor patrimonial. Si la empresa hace una recompra, sus beneficios totales son los mismos, pero la cantidad que se negocia en el mercado disminuye. Al incrementarse las ganancias correspondientes a cada acción (EPS), su precio debería aumentar también. Además, el hecho de establecer un comprador recurrente y estable, contribuye a los aumentos de la cotización en forma directa.

En definitiva, en lugar de recibir un dividendo en efectivo, obtiene incrementos de su valor, es decir, ganancias de capital. En general, estas resultan beneficiosas comparadas con el reparto de efectivo desde el punto de vista impositivo, por lo que muchas empresas optan por las recompras en lugar del tradicional desembolso de dinero.

En el mismo sentido, si se las realiza por los motivos correctos, aumentan el retorno de la inversión para el accionista. Sería como decirles a los inversores “a estos precios, la mejor opción que podemos hacer es comprar nuestras propias acciones”. En general, estas medidas son bienvenidas por el mercado, que intuye que los prospectos de la compañía mejorarán en los próximos años, o que los directivos están bien seguros de que la empresa es más valiosa que su cotización del momento.

De todas maneras, no todas las recompras son iguales: hay que prestar una cuidadosa atención a los motivos y las consecuencias de estas prácticas. Por ejemplo, si la firma se está endeudando para hacerlo, la posición financiera puede deteriorarse incrementando el riesgo de la inversión. No necesariamente es una mala decisión: en algunos casos, puede mejorar su estructura financiera y el retorno de los accionistas. Sin embargo, esto debe llevarse a cabo con cuidado para no incrementar en exceso el nivel de pasivos.

En otros casos, las empresas pueden optar por recomprar sus acciones para mitigar los efectos de los títulos otorgados a sus propios empleados. Esto disminuye directamente el retorno de la inversión, dado que generalmente se las dan a precios menores a los de mercado, por lo que la compañía termina emitiéndolas baratas y adquiriéndolas caras.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, las recompras son beneficiosas para los inversores, al menos en términos generales. 

Lacartadelabolsa


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