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Vulnerabilidades... ¿Qué y quién es vulnerable?

por José Luis Martínez Campuzano (AEB) Hace 4 semanas
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Los supervisores europeos avisan de los riesgos de la recuperación para el sector financiero…este era el titular de un artículo que publicaba a principios de septiembre un importante medio financiero, haciendo hincapié en la preocupación de las autoridades supervisoras sobre la recuperación postcovid del sector financiero. En concreto, ante los efectos de la retirada de las medidas oficiales excepcionales aplicadas en el último año y medio.

 

Medidas excepcionales en el ámbito fiscal, monetario y prudencial que han servido para atenuar el impacto de la crisis en el sector. Y naturalmente han sido fundamentales para que el mismo, bancos y aseguradoras especialmente, hayan podido ayudar a sus clientes. Ese ha sido el verdadero objetivo: que estas medidas lleguen a empresas y familias. Y se ha cumplido.

La estabilidad financiera es fundamental para la estabilidad macroeconómica. En estos momentos los riesgos en el futuro para la estabilidad financiera son consecuencia de las debilidades e incertidumbres que amenazan la recuperación económica. El aumento de la deuda pública, sin duda necesario a corto plazo para proteger a los más vulnerables y compensar la pérdida de rentas por la pandemia, es una de estas amenazas. Los niveles máximos históricos alcanzados obligarán en el futuro a diseñar una estrategia de ajuste a medio y largo plazo para su corrección. También el comportamiento de los mercados financieros es un factor de debilidad que no podemos obviar, ya que en su afán de descontar un futuro incierto se mueven entre excesos. La política monetaria expansiva llevada al límite ha sido fundamental para la estabilidad de los mercados a corto plazo, aunque las mismas autoridades advierten del riesgo de su desconexión con la economía real. Especialmente si la recuperación económica futura es más débil de lo esperado. Pero también en sentido contrario y esto lleva a una retirada más rápida de las medidas monetarias expansivas. En definitiva, forzar la estabilidad financiera a corto plazo puede generar riesgos para la estabilidad financiera en el futuro.

La coordinación entre los agentes económicos en Europa y a escala mundial está siendo clave para aminorar el impacto de la crisis sanitaria. Los bancos han colaborado en la puesta en marcha de las medidas dispuestas por las autoridades económicas, han canalizado de forma transparente y responsable la liquidez del banco central y además han adoptado medidas sectoriales de forma voluntaria más generosas que las del sector público. Todo ello ha sido posible porque al comienzo de la crisis el sector contaba con reservas de liquidez y capital, gracias a los importantes ajustes llevados a cabo en la última década. Naturalmente, esto no les hace inmunes ante un escenario prolongado de incertidumbre y debilidad económica. Los bancos son conscientes de ello, y sin dejar de cumplir con su objetivo final -que es dar financiación y los mejores servicios a familias y empresas- se empeñan en reforzarse y ser más eficientes.

Los esfuerzos de regulación realizados tras la Gran Recesión han sido más exitosos en lo que se refiere a reforzar la resistencia de los bancos, el núcleo duro del sistema financiero, mientras no lo han sido tanto para fortalecer el resto del sistema financiero no bancario. Y si bien la crisis de la COVID ha demostrado la resiliencia del sector bancario, existen dudas fundadas de que la estabilidad financiera haya quedado garantizada con un núcleo bancario muy reforzado, pero con una periferia absolutamente descontrolada.

Las medidas extraordinarias de política económica han estabilizado los mercados financieros, mejorando la confianza de los inversores y también han contribuido a mantener el flujo del crédito a la economía. Han sido fundamentales para evitar un mayor deterioro de la economía por la pandemia, que podría haberse acentuado en un contexto de depreciación de los activos financieros. Pero la falta de uniformidad en el comportamiento de los mercados, entre diferentes activos y a nivel internacional, también es un reflejo de su debilidad de fondo. En general los mercados pueden comportarse de forma poco racional, donde los inversores se dejan llevar por la tendencia, por el papel de los bancos centrales o simplemente sobrerreaccionan a la nueva información. El miedo es racional, sinónimo en demasiadas ocasiones de la falta de información. Pero el pánico y la euforia no lo son. La consecuencia en estos casos en demasiadas ocasiones es que se producen discrepancias importantes entre el valor del activo y su precio en el mercado que deben ser valoradas por las autoridades y son un riesgo para la estabilidad financiera. Las finanzas del comportamiento estudian cómo los inversores toman con demasiada frecuencia decisiones por sesgos de comportamiento, y no tanto tras un análisis meditado y razonado.

La innovación es clave para el desarrollo del sistema financiero en su conjunto, respondiendo a la demanda presente y futura de los cliente. Pero es importante que las autoridades monetarias y supervisores no permitan desequilibrios regulatorios y de supervisión entre las diferentes partes del sistema financiero. Esto es especialmente evidente en el caso de los nuevos competidores tecnológicos de los bancos que se centran en determinados segmentos de la actividad bancaria. Es fundamental que las autoridades tengan claro qué y quién es el componente más vulnerable ser sector financiero y cómo tratar de corregir esta debilidad.

Las autoridades se enfrentarán en el futuro a la necesidad de combinar la continuidad de medidas de apoyo a corto plazo y los riesgos a la estabilidad macrofinanciera a medio plazo. Las prioridades en estos momentos seguro que no lo serán tanto en el futuro.


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