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Una recuperación mundial

por José Luis Martínez Campuzano (AEB) Hace 1 semana
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El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la economía mundial se contrajo un 3,5 % en 2020. Es la mayor caída de la historia reciente, aunque casi un punto porcentual menor de lo previsto inicialmente. Estos números son un reflejo del fuerte golpe económico que para todos los países ha supuesto la crisis sanitaria. Pero también muestran la dificultad que supone hacer previsiones en un entorno como el actual de elevada incertidumbre y sin precedentes históricos.

Ayer su Directora Gerente remarcó en el Parlamento Europeo la necesidad de cooperar a nivel mundial pero también que cada país tome las medidas necesarias para no quedarse rezagado en la recuperación posterior a la pandemia. En definitiva, no pasar del Gran Confinamiento durante el año pasado a la Gran Divergencia entre países de la que muchos economistas advierten para este año.

En 2020 hablamos de un deterioro económico global, aunque con un impacto final desigual entre los países. Esto se ha debido básicamente a tres factores: a las diferentes medidas de confinamiento impuestas para reducir el riesgo de contagio, a la estructura productiva y capacidad de acceder al teletrabajo y a servicios digitales, y a las medidas de política económica implementadas para reemplazar rentas pérdidas y para soportar al tejido productivo. Son los mismos condicionantes que tenemos para la deseada recuperación, supeditada al éxito de las vacunas y de la gestión sanitaria contra el virus.

El FMI proyecta un crecimiento mundial para 2021 del 5,5 %, casi medio punto por encima de lo previsto con anterioridad. La cooperación internacional está siendo clave para vencer al virus y también lo será para para impulsar el crecimiento. En Europa contamos con los fondos europeos, cuyo uso eficiente será fundamental para lograr que la recuperación económica esté basada en un modelo de crecimiento más sostenible y digital. Aunque es importante que cada país acompañe la inyección de estos fondos con reformas que corrijan excesos y deficiencias heredadas del pasado que puedan lastrar la recuperación. También es fundamental que las nuevas medidas que se vayan tomando no generen nuevos riesgos ahora inexistentes.


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