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Libre comercio EEUU-Unión Europea: retener el liderazgo económico global

Pedro Sastre Responsable de Estrategia en Banca Privada de Banca March
por CapitalBolsa Hace 5 años
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Las negociaciones para alcanzar un acuerdo de libre comercio entre las dos principales potencias económicas mundiales, EE.UU. y la Unión Europea, acaban de iniciarse. Nadie duda de las bondades de un acuerdo entre ambos bloques aunque tampoco se cuestiona que serán unas negociaciones largas y duras. Barreras de corte político, regulatorio y cultural deberán superarse a ambos lados del Atlántico; con todo, la crisis económica y el auge de potencias económicas emergentes ofrecen un momento político óptimo para alcanzar el acuerdo. 

Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión. Definición

El Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI) es el nombre otorgado al Convenio que se encuentra en fase de negociación entre EE.UU. y la Unión Europea. El objetivo explícito de la negociación se centra en la eliminación de los obstáculos con vistas a agilizar el comercio entre ambos bloques. Entre las medidas más importantes a conseguir citamos la eliminación de los aranceles, la supresión de legislación innecesaria o duplicada o las restricciones a la inversión que dificultan el acceso a determinados mercados o sectores.

La eliminación de estas barreras favorecería el incremento del volumen de transacciones y de la competencia, lo que se traduciría en descensos de precios, incremento de la riqueza y descenso del desempleo. En suma, el lanzamiento del proceso negociador tiene como horizonte la posibilidad de alcanzar un acuerdo equilibrado, satisfactorio y positivo para ambas partes.

Constitución de las partes negociadoras. Calendario tentativo

En la Unión Europea el mandato de negociación está en manos de la Comisión Europea, que negocia en nombre de la misma Unión y los veintiocho Estados miembros. La Comisión deberá mantener permanentemente informados a los países, al Consejo y al Parlamento Europeo. El acuerdo deberá ser aprobado por los Estados Miembros de la U.E., en el Consejo y en el Parlamento Europeo. Por la parte norteamericana, el principal negociador es el Representante Comercial del Gobierno y el texto final deberá ser refrendado por el Congreso. 

El proceso negociador no carece de complejidades y es seguido con atención desde sus comienzos. Es conocida la posición recelosa de Francia en torno a los progresos de apertura del sector agrícola (Francia es la principal receptora de fondos de la Política Agraria Común) o en torno a la llamada “excepción cultural”, que permite a los países europeos proteger sus industria musical y cinematográfica. La primera ronda de negociaciones tuvo lugar en julio. Los problemas políticos en EE.UU. obligaron al cierre temporal del Gobierno, lo que provocó la suspensión de la segunda ronda de negociaciones prevista para octubre. Las partes tienen previsto volver a reunirse en diciembre aunque el ambiente se enrarece por momentos, tras confirmarse los casos de espionaje a dirigentes políticos europeos por los servicios norteamericanos de inteligencia. 

El inicio de las conversaciones U.E.-EE.UU. coincide con el anuncio del acuerdo de libre comercio alcanzado entre la U.E. y Canadá, que requerirá de la ratificación de los veintiocho miembros de la U.E. y de las 10 provincias y tres territorios que integran el país norteamericano. El acuerdo llega tras cuatro años de intensas negociaciones, expertise que podrá ser utilizado para acelerar el acuerdo ATCI. En cuanto al calendario tentativo, no hay un plazo establecido para alcanzar dicho acuerdo, si bien ambas partes no desean que las negociaciones se alarguen en exceso. El objetivo de la Comisión es avanzar las negociaciones todo lo posible el año que viene y ser capaces de tener un principio de acuerdo en 2015.

Cuáles son las ventajas potenciales del acuerdo

El acuerdo tendrá una gran repercusión tanto en los dos bloques implicados como en terceros países o regiones, teniendo en cuenta que la suma de EE.UU. y la U.E. supone en torno al 50% del PIB mundial y el 30% del comercio global. El Centro de Investigación de Política Económica (CEPR), con sede en Londres,
estima que la U.E. obtendría un beneficio próximo al 1% del PIB ó 119.000 M€/año, lo que equivaldría a incrementar en 545€ los ingresos de un hogar medio de la región. Igualmente beneficiosa sería la conclusión de un acuerdo para EE.UU., en donde las ganancias se fijan en el 0,8% del PIB ó 95.000M€, equivalentes a un ingreso adicional medio de 655€ por hogar. En cuanto a las exportaciones, se estima que el incremento de los flujos comerciales desde la Unión Europea hacia Estados Unidos rondaría el 28%.

El acuerdo podría igualmente tener una implicación global, con influencia positiva en la negociación de futuros acuerdos a nivel bilateral o multilateral, de otros bloques comerciales o incluso en el seno de la Organización Mundial del Comercio. El estudio señala igualmente la importancia de la eliminación de las barreras burocráticas y legislativas, y también la apertura del mercado de servicios o la contratación pública. Así, el CEPR estima que hasta un 80% del beneficio económico generado del potencial acuerdo procedería de la eliminación de los costes asociados a la burocracia.

¿Se prevé un acuerdo total?

No. La posición negociadora de la Comisión Europea es optimista en cuanto a la obtención de un acuerdo pero igualmente realista. En este sentido no se esperan grandes progresos en un sector tan sensible como es el de defensa. El mandato de la Comisión tampoco incluye compromiso de acuerdo en la “excepción cultural”, elemento que algunos países como Francia defienden con especial fervor. Y otros aspectos como los OGM (Organismos Genéticamente Modificados) ponen de manifiesto las dificultades para alcanzar progresos importantes en el sector agrícola. Algunos aspectos importantes del ATCI. Destacamos tres:
Aspecto geopolítico.

Mientras que los beneficios económicos derivados del potencial acuerdo son indudables, también subyace el componente geoestratégico. Teniendo en cuenta que los dos bloques dominan el comercio mundial y las reglas del actual proceso de globalización, parece lógico pensar que su objetivo sea la obtención de un acuerdo que permita seguir manteniendo la hegemonía en dicho proceso.


A sensu contrario, el fracaso de las negociaciones entre la U.E. y EE.UU. disminuiría de forma importante su capacidad de control geoestratégico de las reglas mundiales del comercio. Este aspecto es importante a la hora de apostar por un acuerdo de cierta relevancia entre ambos bloques. 

Aspecto regulatorio

Desde la Comisión Europea se insiste en que las dificultades para alcanzar un acuerdo no pasan tanto por la eliminación de determinados aranceles (muchos con porcentaje muy bajo) o la armonización de intereses en temas como el mercado laboral o el medio ambiente. Más bien el punto crucial será la unificación de estándares regulatorios en dos bloques con culturas de reglamento bastante diferentes. Bajo este prisma cobrará importancia la participación de los organismos técnicos de ambos bloques. 

Así, desde la Comisión se insiste en la necesidad de la cooperación reglamentaria ya desde una fase temprana, en la posibilidad de desarrollar reglas de comercio internacionales y en la inclusión de un progreso real de convergencia de reglamentos. Se establece la necesidad de establecer un acuerdo marco que permita a futuro profundizar en la mencionada convergencia reglamentaria.

Aspecto externo

Nos referimos en este aspecto a la aparición de países económicamente pujantes (p. ej. China) que puedan adoptar, en determinados sectores bajo su órbita de influencia, estándares distintos o contradictorios a los potencialmente alcanzados en el ATCI. Aspecto importante será también, de la parte europea, países y sectores potencialmente beneficiados o perjudicados por el acuerdo.

Es importante recordar el proceso de reindustrialización al que asistimos en EE.UU., derivado del abaratamiento del coste por el acceso a hidrocarburos no convencionales. Así, es sencillo inferir que aquellos países europeos con mayores costes energéticos se situarán en una posición de desventaja competitiva con la apertura de aquellos sectores sujeto de acuerdo.

El sector agrícola, un sector sensible para Europa

La agricultura cobra especial relevancia para Europa, puesto que recibe en torno al 40% del presupuesto comunitario total. Destacamos:
1) Se insiste en que la apertura de los mercados agrícolas tendrá un "carácter bidireccional", con beneficios para ambas regiones. 

2) El objetivo de EE.UU. pasa por aumentar la venta de productos agrícolas como la soja o el trigo. Por su parte, el objetivo negociador de la U.E. estaría más centrada en las facilidades de acceso al mercado norteamericano de productos con mayor valor añadido o transformados (vino, jamón, queso).

3) En cuanto a la cuestión de los alimentos transgénicos, desde la Comisión se deja claro que no habrá obligación de importar desde EE.UU. Organismos Modificados Genéticamente (OMG), si bien hay que recordar que la legislación comunitaria ya autoriza OMG como alimentos, pienso o semillas para cultivo.
Se aspira a que el Tratado simplifique las solicitudes de autorización de nuevos OMG. Queda fuera de la negociación la cuestión de los alimentos hormonados debido a la rígida legislación de la Unión Europea en esta materia.

Asistimos a una fase de relativo estancamiento en el comercio mundial, tras constatar la inhabilidad de la Organización Mundial del Comercio para agrupar intereses comerciales tan diversos. La ocasión es así propicia para adopción de un acuerdo entre los dos principales bloques mundiales, tanto por razones de índole económica como geoestratégica. La adopción de estándares técnicos comunes en un momento clave en la evolución de la crisis global podría impulsar de nuevo la ronda de Doha. Negociaciones y acuerdo que ayude en último término a contener el avance del proteccionismo, tan de moda en momentos de crisis.


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