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“El efecto de liquidez se agota muy rápidamente a la vez que se produce un sobre endeudamiento extremo”

por Moisés Romero Hace 2 semanas
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Ciertamente tienen la capacidad de calmar y volver a licuar los mercados, pero esas acciones agravan el problema subyacente, que es un sobre endeudamiento extremo. Obtienes un impulso transitorio, obtienes un efecto de liquidez, pero ese efecto de liquidez se agota muy rápidamente". (Vía Bloomberg). "Las imprentas de los bancos centrales siguen retumbando las veinticuatro horas del día. La liquidez creada en los laboratorios de la FED para amortiguar los efectos del COVID-19 ha evitado una gran depresión económica y sus devastadores efectos, hasta el momento, pero no será igual de fácil comprar con ello  crecimiento económico sostenido ni prosperidad, empleos o aumento de productividad. Los efectos de tamaño rescate se intuyen limitados, con la agravante de que la creación de dinero «ex nihilo» no es gratis ni exenta de consecuencias. Llegados a este punto, inyectar más liquidez es prácticamente la única herramienta disponible para las autoridades monetarias y presumiblemente continuará, podría tener escaso impacto positivo, tanto en estimular crecimiento económico como en la capacidad para crear empleo. Por el contrario, sí aumentarán los efectos adversos que ya hoy se pueden atisbar como el daño a la imagen y reputación de las autoridades monetarias, la «zombificación» de empresas, mercados y economía o las distorsiones masivas e inestabilidad de los mercados financieros", señala Antonio Iruzubieta

La rebaja de estimaciones de crecimiento y las previsiones de una recuperación más lenta de lo esperado, junto con el desmadre fiscal y endeudamiento sideral de gobiernos y empresas, obligarán a una ronda de rebajas generalizadas de calificaciones de deuda soberana y corporativa.

Los programas de rescate a empresas, incluso con calificación de deuda baja (high yield e incluso basura) son un regalo inmerecido a ejecutivos que gestionan empresas y capital propio de forma manifiestamente diferente pero perversamente relacionada (gracias a los bonus o al pago en opciones), a empresas con modelos de negocio fallidos o en dificultades de solvencia, a negocios ineficientes o a acreedores cuyas carteras de deuda han sido protegidas injustamente mientras la pobreza e incluso el hambre se extiende alrededor de Estados Unidos. 

La brecha de desigualdad se ha extremado desde que las autoridades monetarias comenzaron a comprar cada problema contra su balance,  programas de expansión cuantitativa -QE- cuyos beneficios han recaído directamente sobre los ciudadanos menos necesitado o más adinerados, como los allegados a las élites de poder, grandes corporaciones, bancos, insiders, Wall Street…

El 10% de la población USA continúa medrando a costa del dinero inventado mientras que el 90% restante sufre las consecuencias de las crisis y, en general, problemas de carácter estructural como la caída crónica de productividad o el estancamiento de los salarios reales de las últimas décadas.

La desigualdad y el favoritismo no son problemas de hoy, vienen sucediendo desde siempre, aunque se ha intensificado mucho en los últimos 30 años, en los que el 90% de la población viene gastando más de lo que ingresa (aumentando deuda o reduciendo ahorros) mientras que el 1% más rico no ha parado de incrementar su riqueza de manera exponencial, el restante 9% más favorecido mantiene un crecimiento estable de su ahorro, vean cuadro:

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La incertidumbre es alta y permanecerá por tiempo impredecible, el temor a la propagación de la pandemia y nuevos brotes que puedan obligar al cierre de la economía mediante nuevo confinamiento de la población es real. Los periodos de incertidumbre elevada son muy poco propicios para aumentar las inversiones productivas o financieras, son contrarios al emprendimiento.


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