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¡Hay que salvar al capitalismo del capitalismo!

por Carlos Montero Hace 1 mes
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Esta semana se desarrolla el Foro Económico de Davos, reunión en el pueblo suizo de Davos de los principales líderes del mundo en el plano político, económico, académico, filantrópico...¿Objetivo? Mejorar el estado del mundo. ¿Lo consiguen? Pues no excesivamente la verdad, pero ahí siguen año tras año. Bien, una de las máximas principales del Foro de este año es "hay que salvar al capitalismo del capitalismo". ¿Es un objetivo factible? ¿Más factible al menos que lo de "mejorar el estado del mundo"? A estas preguntas contesta el economista Guillermo Barba con la siguiente afirmación: "Si la economía fuera cosa senilla, y se manejara mediante ocurrencias o buenos deseos, muchos países estarían creciendo a tasas de dos dígitos en vez de encontrarse en recesión? De igual modo, si las inversiones fueran cosa simple, con altos y garantizados rendimientos de por vida, viviríamos en un paraíso de abundancia infinita con el que sólo podemos soñar.

Por desgracia, el mundo real es muy diferente: los recursos no son infinitos y se debe hacer el uso más eficiente que se pueda de ellos, pues el dispendio, sólo conduce a escasez, pobreza y muerte.

El mal llamado sistema “capitalista”, que no es otra cosa que una economía de mercado, consiste justamente en respetar mutuamente la propiedad y en generar abundancia a través de la acumulación de riqueza y capital que permite el comercio. Gracias a eso ha sido posible el crecimiento de la población a niveles que hubiesen sido imposibles mediante las antiguas formas de producción.

Ahora bien. Prácticamente no hay cultura ni religión que no condene el robo, lo que desde un punto de vista positivo, significa que para todas ellas es imperativo respetar lo que le pertenece a otros. Así que la economía “natural” de cualquier sociedad civilizada es aquella en la que los intercambios se producen de manera libre entre los comerciantes, y se castiga a quien no actúa con base en ese respeto a la libertad y la propiedad.

No es casual entonces, sino causal, que aquellas naciones que se han desarrollado y enriquecido, lo han conseguido gracias a la construcción de una estructura institucional que hace valer justamente la propiedad privada, la libertad individual y el comercio abierto.

Del otro lado, países con economías planificadas y/o controladas, se hunden en el atraso, la escasez y la miseria el 100 por ciento de las veces.

De manera análoga, a nivel microeconómico las personas y las empresas que se enriquecen son aquellas que a través del intercambio generan valor (productos y servicios demandados por las personas) y lo acumulan de manera constante.

Se trata pues de la muy difícil tarea de generar un círculo virtuoso de creación de valor, realización del mismo mediante la venta, reinversión del capital y la ganancia para reiniciar el ciclo de generación de valor, venta, reinversión, y así sucesivamente.

Lo anterior desde luego, es más fácil de decir que de llevar a cabo, pero cuando se consigue, el nivel de riqueza acumulada puede convertirse incluso en un “unicornio”, o sea, una de esas empresas súper gigantes y exitosas que rompen récords en sus valuaciones bursátiles.

Por ejemplo, Alphabet, empresa matriz de Google, se unió al “club del millón de millones de dólares”, al alcanzar esta valoración de mercado con el alza de sus acciones en Estados Unidos.

A este selecto “club” sólo han llegado otros tres “unicornios” en ese país: Amazon, Microsoft y Apple. Dicho sea de paso, esta es una señal más del mercado alcista de las acciones al que hemos sugerido “subirse” adquiriendo ETFs que repliquen el movimiento del S&P500.

Pero de vuelta al tema central de este artículo, también existe siempre el riesgo de perderlo todo a nivel personal y empresarial si las malas decisiones en vez de conducirnos a la creación de valor y riqueza, nos llevan a su destrucción.

Y es que si en vez de ganancias lo que se acumulan son pérdidas y deudas de manera constante, el resultado no puede ser otro que el desastre económico-financiero de la persona, empresa o país de que se trate. ¡Puro sentido común!

Por esa razón les aconsejamos que, si ya son empresarios y dominan su negocio, busquen expandirlo y maximizarlo ya que es la mejor manera -y la más probable- de alcanzar elevados rendimientos para nuestro capital, muy por encima de la mejor estrategia de inversión financiera o bursátil.

Si todavía no es su caso, y para usted es importante la independencia financiera, entonces es momento de empezar a armar su plan de negocios sobre alguna idea o mercado que le apasione, pues el camino será complicado y esa aventura demandará de usted toda su energía y dedicación.

Como a estas alturas ya debería quedarnos claro, el riesgo es inherente al comercio, no existen las inversiones “libres de riesgo”. Todo negocio es una especulación con la que pretendemos comprar barato para vender más caro, y ese último paso nunca es una certeza: no siempre se puede vender lo que uno quiere, cuando se quiere, en las cantidades que se quiere ni al precio deseado.

Por eso, cuando alguien se le acerque a proponerles o lea por ahí en cualquier parte alguna invitación a invertir “fácil, sin riesgo y con altos rendimientos”, la mejor casi siempre será seguir de largo. Con ese engaño se han creado y se seguirán creando sin cesar las grandes estafas de la historia.

Lo mismo pasa con las promesas de políticos que aseguran ser capaces de “acabar con la pobreza” o de “repartir la riqueza equitativamente” desde el poder. Se trata de falacias con graves consecuencias para todos porque, como dice el título de este artículo, la economía como las inversiones, no son un asunto de ocurrencias.

Insistimos: es la libre acción de las personas que buscan su beneficio personal creando valor y acumulándolo a través del comercio, el que lo hace progresar en lo individual, y cuando esos esfuerzos individuales se multiplican, hacen crecer y progresar a toda la sociedad en su conjunto.

 

Lacartadelabolsa


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