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La Bolsa me ha expulsado del nuevo orden establecido. Ya no soy rentable y con 50 años no encuentro empleo

por Moisés Romero Hace 1 mes
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Bolsa ya no es negocio ni para los profesionales del corretaje ni para los inversores. Aquellos, porque el volumen de negocio se encuentra en mínimos a la vez que han disminuido las comisiones por intermediar en la compra-venta de valores. Éstos, porque son las máquinas las que juegan, de acuerdo con programas informáticos de última generación. Mi reputación era excelente. Algunos de mis amigos me envidiaban. En el ascensor, incluso me reverenciaban los más necios. Traje impoluto. Ni un kilo de grasa. Bien afeitado. Bien hidratado. Más de doce horas al día de trabajo. Muy bien pagado ¿Éxitos en las operaciones con mis clientes? Los mercados, ya sabes, son muy difíciles de entender, muy difíciles de aventurar. Es decir, resultados humildes cuando la Bolsa sube mucho y muy malos, cuando la Bolsa baja. Lo correcto en mi antiguo banco de inversión era seguir la corriente de los demás, hasta el extremo de copiar al pie de la letra los informes de estrategia y de situación de las grandes bancos, de las firmas de análisis relevantes. Eso pasó a la historia. La banca de inversión ha muerto, bien porque los reguladores la han aniquilado, bien porque los clientes desconfían, salen corriendo de este tipo de banqueros como el gato que huye escaldado..."

"Yo ya no soy rentable, porque no genero comisiones suficientes ¿Qué hacer? O te aclimatas, emigras o mueres. Ahora, cincuentón y más gordo y con traje usado mil y una veces busco otros acomodos, otros empleos. Pero no los encuentro. Ni siquiera me cogen el teléfono. Tampoco leen mi currículo", me cuenta José Luis L., uno de los banqueros de inversión de prosapia y blasón.

Hay muchos profesionales del sector, de edad parecida o mayor, que se encuentran en la misma situación. Me viene a la memoria un suceso de hace 6 años, que sigue más vivo que nunca:

Después de cinco años de trabajar en banca de inversión, Matt Wolf decidió que era hora de cambiar de rubro.

Aunque el vicepresidente de 35 años disfrutaba de su trabajo en Morgan Stanley, había alcanzado su punto límite: demasiadas noches de trabajo con comida a domicilio, demasiados viajes con su esposa cancelados y demasiadas miradas de desaprobación en eventos sociales. Su remuneración —aún generosa, pero menor a la que esperaba recibir antes de la crisis financiera— ya no valía los sacrificios, escribe LESLIE KWOH en The Wall Street Journal.

El mes pasado, finalmente, decidió irse. Sin un nuevo trabajo a la vista, su único plan es pasar los próximos meses viajando solo en su motocicleta desde Nueva York a Sudamérica, durmiendo en albergues y campamentos y explorando oportunidades laborales en los mercados emergentes. "Uno quiere sentirse bien con lo que está haciendo en el largo plazo", dice Wolf, quien ahora busca una carrera más de emprendimiento.

 

Lacartadelabolsa 


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