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Estos son los motivos del Flash Crash en Wall Street

por Sergio Ávila de IG Hace 6 años
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Después de una tendencia alcista sin pausa desde el año 2009 que se aceleró a finales del año pasado, el mes de febrero ha dado lugar a una fuerte corrección en el mercado de renta variable. Las fuertes subidas acumuladas venían motivadas por los fuertes beneficios empresariales y por la aprobación de la reserva fiscal de Donald Trump. Si bien es cierto, los resultados de los bancos americanos han sido sólidos pero por debajo de las expectativas y tampoco han sido espectaculares los resultados de las empresas de los sectores cíclicos.

El Dow Jones llevaba acumulados 400 días sin que hubiese corregido al menos 5% en el período más largo de la historia sin una corrección de dicha magnitud. La última vez que tenemos referencias de un período similar fue desde el 21 de diciembre de 1994 hasta el 7 de diciembre de 1996. En las últimas sesiones hemos visto una sobrecompra fuerte acumulada y una valoración excesiva de las acciones por múltiplos.

La corrección de Wall Street comenzó el lunes 29 de enero pero se aceleró el viernes cuando vimos un aumento de la volatilidad del 28,5%, y la mayor caída del S&P 500 desde septiembre de 2016. El motivo principal era la preocupación por el aumento del rendimiento de los bonos. El bono del Tesoro americano a 10 años tocó un máximo de cuatro años en 2,852% una vez que se publicó el informe de empleo de Estados Unidos que mostraba un crecimiento salarial al mayor ritmo de los últimos 8 años y medio lo que aumentaba las expectativas de inflación y por consiguiente la idea por parte de los inversores de una posible subida adicional de tipos de interés por parte de la reserva federal, más allá de las tres subidas programadas. La sesión de ayer comenzó bajista pero con calma, a media sesión el Dow Jones se frenaba temporalmente en la media de 50 periodos, pero a medida que avanzaba la sesión llegaba una fuerte oleada de ventas. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años subió ayer al 2.885%, su nivel más alto en cuatro años y 47 puntos básicos por encima del 2.411% observado a fines de 2017 y vimos un aumento del VIX del 20,01% hasta situarse en 37,32 niveles no vistos desde agosto de 2015.

Finalmente el Dow Jones terminó la sesión cayendo 1.175 puntos, en lo que ha sido la peor sesión de la historia del índice con una pérdida del 4,60%, su mayor caída porcentual desde agosto de 2011, con el mercado enfocado en los miedos sobre la inflación. Desde su cierre más alto del 26 de enero, el Dow sufre una corrección acumulada del 9,51%. Si bien es cierto, por el momento se ha frenado en la directriz alcista coincidiendo con la media de 200 períodos, niveles que tendría que rebasar a precios de cierre para poder plantear un cambio de tendencia.

El índice de referencia S&P 500 cayó un 4,1%. Desde el máximo del 26 de enero, el S&P ha caído un 7,8%. De sus 11 sectores, el energético ha sido el que más ha perdido, con un descenso del 10,5%, seguido de una caída de 9,4% en la asistencia sanitaria y una caída de 8,8% en materiales. 

El que mejor se ha comportado ha sido el sector de utilities con una disminución del 3,97%, seguido del de inmobiliaria, que cayó un 5,1% y el de las telecomunicaciones, que se ha dejado un 5,5%. Ningún sector S&P parece una apuesta segura en el entorno actual.

Con el objetivo de evitar más riesgos, los inversores están cerrando sus posiciones en otros activos, incluidos los mercados de divisas, donde una estrategia popular ha sido vender el dólar frente al euro y otras monedas que se ven beneficiadas por tipos de interés más altos en el futuro. El euro bajó hasta 1,2353 dólares, no muy lejos del mínimo de la semana pasada de 1,2335 dólares. Contra el yen, que a menudo se usa como moneda de refugio seguro, debido al sólido superávit de la cuenta corriente de Japón, el dólar cayó un 0,4% hasta 108,56 yenes, después de haber perdido ayer un 1%.

El mercado asiático también se ha visto afectado por la caída de las acciones americanas por esa preocupación sobre la inflación. El índice más amplio de MSCI de acciones de Asia y el Pacífico fuera de Japón ha caído un 4,3%, que sería su mayor caída desde el shock de devaluación del yuan en agosto de 2015, volviéndose rojo en el año por primera vez en 2018. El Nikkei de Japón ha perdido un 6,8%. Los mercados chinos también se han visto arrastrados, el índice China A50 se ha dejado un 2,36%, mientras que el de Shanghai lo ha hecho un 3,38%.

La caída masiva en los precios de las acciones ha provocado un giro en el mercado de bonos, y en el comercio asiático, la rentabilidad del bono americano a 10 años ha retrocedió a un mínimo de 2,662%.

Bitcoin no se salvó de las ventas, cayendo más del 10% hasta un mínimo de 12 semanas de 6,116 dólares. Eso representa una caída del 69% desde su récord de 19.666 dólares, tocado el 17 de diciembre.

Los precios del petróleo también cayeron, con los precios internacionales del Brent de referencia tocaron el mínimo de un mes, cerrando en 66,83 dólares por barril, un 1,2% en el día. Los futuros del crudo de EE. UU., han cerrado un 1,3% más abajo en la sesión asiática. El oro en su faceta de valor refugio se aprecia en estos momentos un 0,74%.


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