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Miremos a la pobreza cara a cara

por CapitalBolsa Hace 5 años
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Números, grandes magnitudes, macroeconomía… Las claves de la economía las buscamos en los datos, pero detrás de cada dato hay personas, los números se traducen en historias vitales que la crisis está complicando cada día más, en dramas familiares que sufren el azote de las crisis. A veces se nos olvida, o dejamos en segundo lugar a las personas. Buscamos el análisis sesudo de las variables y miramos para otro lado cuando vemos a alguien pidiendo en la calle, literalmente. Porque es dignidad, en ocasiones “ya no es que me den dinero  o no –me dice Arturo que vive en la calle- sino que ni me miran, como si no existiera”. Existe vida por debajo del nivel de nuestros ojos pero ni tan siquiera bajamos la mirada…  Es como si nuestra dimensión visual sólo existiera a la altura de los ojos, no queremos mirar lo que hay ahí debajo. El Observatorio de la Realidad Social de Cáritas Española ha presentado su informe anual sobre la pobreza y los datos arrojan un balance aterrador: se considera pobreza severa a quienes tienen que vivir con menos de 307€ al mes, bien, pues en España hay tres millones de personas en estas condiciones, el doble –según las cifras de Cáritas- de las que había antes de la crisis.

En opinión de Sebastián Mora Secretario General de Cáritas España “la pobreza es generalizada en España pero tiene foco y se nutre de los más vulnerables”. Mora hace un llamamiento a “no permanecer indiferentes al dolor ajeno”, un dolor que se ha convertido en inherente en un porcentaje de la población que ha perdido la fuerza y la esperanza por el camino. Arturo era una persona con una vida normal, en una ciudad normal, era administrativo y vivía como cualquier trabajador de clase media. Perdió su trabajo en 2008 cuando la crisis empezaba a enseñar la cara pero cuando no queríamos verla y a partir de ahí su vida se ha precipitado en un huracán de circunstancias que le han llevado hasta un cajero automático del madrileño barrio de Carabanchel, “cuando no me lo cierran”, dice. Es una persona a la que se le nota en el lenguaje que tiene cultura, le gusta leer y en la medida de lo posible “intento mantener mi dignidad, aunque no es fácil”.  Se le ensombrece la mirada cuando recuerda su vida anterior e intento cambiar de tema…

Cáritas resume en su informe los casos de miles de Arturos que han visto cómo la crisis les ha llevado a vivir en la calle, porque las circunstancias se conjuran en la mala dirección y les han llevado por delante. Según la organización el 20% de la población más rica concentra 7,5 más riqueza que el 20% más pobre. Según Cáritas por tres causas principalmente: incremento del paro, disminución del poder adquisitivo y recorte de políticas de ayudas y mejoras sociales.

Con esta radiografía la situación desborda a las ONG que intentan paliar las circunstancias. Arturo sabe que dos días en semana tiene bocadillo y un caldo o chocolate caliente asegurado, y ahora que llega el frío parece más necesario todavía. Organizaciones como Solidarios para el Desarrollo –y como ella algunas más- bajan su mirada a ras de suelo e incluso se sientan en el suelo para hablar de igual a igual a quienes viven en la calle. En su Memoria de 2012, explican que realizan “rutas nocturnas de voluntarios que salen a la calle a encontrarse desde la igualdad con las personas que viven y duermen en la calle. Sin paternalismos ni prejuicios, se establecen relaciones afectivas y se desarrollan aspectos emocionales imprescindibles en cualquier proceso de mejora que una persona en situación de calle decida iniciar, facilitando que recuperen la motivación y la autoestima y que se hagan  dueños de su situación”. Así tienden puentes entre realidades tan distantes, además de  darles un bocadillo, un chocolate caliente o lo que toque en ese momento. Más allá del alimento que también es importante en estos entornos, la relación humana se constituye en base primordial de la actividad.

Claro que no son los únicos, los bancos de alimentos están batallando por ayudar a las familias a que no pasen hambre ni vergüenza. Es curioso que cuando la vida se tuerce, el primer sentimiento que surge es el de la vergüenza, “es comprensible –apunta Pablo Marcos, psicólogo- cuando llegas a una situación límite en la medida de lo posible quieres evitar que sea pública. Estás pensando que va a ser pasajero y es preferible que tu entorno no te vea por la sensación de bochorno”. Los voluntarios han explicado en más de una ocasión que hay familias que recogen el alimento con bolsas de grandes almacenes para que parezca otra cosa o que incluso les llevan la comida a casa para que no les vean esperando el turno. La alimentación es una de las necesidades básicas que ha de cubrir el ser humano, además de en lugares como el continente africano, el hambre está presente en España entre las familias a las que la crisis ha arrebatado ya hasta la ilusión.

Los bancos de alimentos están realizando una labor inconmensurable para garantizar que pequeños y mayores tengan algo que llevarse a la boca, el Banco de Alimentos de Madrid por ejemplo en 2012 repartió 9.377.198 kilos de comida que beneficiaron a  52.564 personas. Ellos no reparten directamente la comida a las familias sino que lo hacen entre instituciones que después dan de comer a los necesitados. En su página web apuntan algo que es necesario recordar, “no son únicamente los mendigos y los vagabundos quienes pasan hambre: son muchas más las personas que pasan hambre en todas las ciudades importantes de nuestro mundo civilizado. No pensemos sólo en pobreza absoluta, en la pobreza tradicional. Contemos -al hacer los cálculos- con la pobreza relativa, la de aquellos a quienes quizá no les falta un techo ni viven envueltos en andrajos, pero carecen de todo lo demás”.

Se incrementa la pobreza extrema, la relativa, la leve… Pongámosle el apellido que queramos. La pobreza está arrastrando a parte de la clase media española hacia el abismo y casi siempre miramos hacia otro lado, porque ojos que no ven corazón que no siente. O es que tal vez seamos como el bufón que quería la Infantita protagonista del cuento de Oscar Wilde “El Cumpleaños de la Infanta” y no tengamos corazón. Yo voy a mirar dentro, por si acaso. 


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