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Desigualdad y crecimiento en Asia

por José Luis Martínez Campuzano Portavoz Asociación Española de Banca Hace 10 años
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Ayer hablábamos sobre el aumento de la desigualdad en la distribución de la renta dentro de la OCDE. Entre los argumentos detrás de este inquietante comportamiento destacaban tres factores en principio considerados como positivos:

1. El desarrollo tecnológico;

2. La apertura en los mercados financieros internacionales;

3. Los ajustes fiscales.

Especialmente los dos primeros factores son más propios de las economías en desarrollo, destacando las asiáticas. Y es precisamente en Asia donde se ha producido el mayor crecimiento en los últimos veinticinco años. Pero, además, donde la desigualdad social también ha crecido con más fuerza frente al resto.

Es curioso que el mismo fuerte crecimiento que ha llevado a superar con fuerza el nivel de vida en la región (con todo aún comprende la mitad de la pobreza a nivel mundial), se haya traducido de forma simultánea en una creciente desigualdad social que conlleva el peligro a la larga de dar al traste con la continuidad de su desarrollo.

Recurriendo de nuevo al FMI, los estudios muestran que una creciente desigualdad en renta (pero también en riqueza) supone a la larga un elevado deterioro del crecimiento, en términos de ritmo y de sostenibilidad. Ayer hablaba en los países desarrollados de la educación, reformas estructurales para aumentar el capital humano que llevan a un aumento del crecimiento potencial, entre otras medidas para reducir la desigualdad.

Frente al “crecimiento con equidad” de los noventa, en los últimos veinte años hemos visto como la desigualdad social ha crecido con más fuerza en Asia que en otros países emergentes. Pero, es cierto, aún se mantiene por debajo de otras zonas como Latinoamérica o África (45 sobre 100 frente a niveles por encima de 50 en estas zonas).

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Sin duda, la mayor reducción de la pobreza entre los países emergentes en las dos últimas décadas.

Pero, de forma similar, los ingresos del 20 % de la población más pobre han crecido mucho menos que la media. Y esto en todos los países de la zona, con independencia de su grado de desarrollo.

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¿Qué hacer? Como decía antes, trasladando las recomendaciones hacia los países desarrollados, más y mejor educación, facilitar el cambio de modelo económico, la financiación. Limitar el exceso del mercado.

En el siguiente gráfico podemos ver la evolución del crecimiento potencial de varios países de la zona, estimado por el FMI según diferente metodología. Pese a la mejora reciente, siguen siendo inferiores en general a los existentes antes de la Crisis y por debajo del estimado en los noventa. Menor productividad, sin duda, ha sido el determinante de esta reducción. Y a la larga el principal riesgo sigue siendo el factor demográfico. Pero, la creciente desigualdad también supone un importante reto a batir a futuro. Un factor, dado el nivel de pobreza, que también conlleva un mayor riesgo en términos de estabilidad social y política.

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