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¿Podemos hacer un paralelismo entre la crisis japonesa y la situación en Europa?

por Carlos Montero Hace 4 mess
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Ayer publicábamos un artículo en el que señalábamos que aunque la crisis actual en Corea del Norte está provocando cierta inestabilidad en los mercados, a medio plazo lo verdaderamente importante para los inversores es comprobar si el actual optimismo sobre la aceleración del crecimiento económico mundial, resultan ser un espejismo o se confirman en la realidad.

Nicolás López, uno de los mejores analistas financieros de este país a mi entender, se preguntaba si existía la posibilidad que Europa se encuentre dentro de un escenario similar al que se ha vivido en Japón en las últimas décadas. Aunque él cree que nada apunta a que nos encontremos ante una nueva crisis de dimensiones de la de 1929 o 2008, esto no significa que no podamos encontrarnos con crisis de mercados importantes. Para ello relata la experiencia japonesa. Veamos:

El que no haya un gran cataclismo económico no significa sn embargo que no podamos encontrarnos con crisis de mercados importantes. La experiencia de Japón de las últimas décadas sería un claro ejemplo. Después del estallido de la burbuja a principios de los 90, Japón ha entrado en un largo período de crecimiento débil y baja inflación, salpicado con numerosas recesiones. En la Bolsa se ha traducido en un gran mercado lateral bajista con una alternancia de ciclos alcistas y bajistas en la Bolsa pero sin conseguir realmente mantener una tendencia alcista a largo plazo. Si comparamos la evolución del Nikkei con el S&P 500 vemos que fue sobre todo en el período 1990-2000 cuando se produjo la gran divergencia entre ambos. Desde 2000 su movimiento ha sido más acompasado aunque también se aprecia una diferencia importante. El último gran ciclo alcista desde 2009 ha sido más intenso en el S&P 500 que ha superado los máximos de 2000-2007. El Nikkei, por el contrario, se encuentra “atascado” en lo que sería sus niveles equivalentes de 2000-2007 que coinciden además con una zona de resistencia rlevante que se formó durante los años 90. Esta zona de resistencia se corresponde con la banda de los 21.000-22.500 puntos y su superación rompería la gran estructura lateral del Nikkei vigente desde hace 25 años.

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Aunque el estallido de la burbuja se inició en 1989 el proceso de deterioro de la economía fue muy gradual en Japón. Hubo una primera recesión muy breve y suave en 1994 pero fue realmente en 1998-2000 cuando se produjo la primera recesión fuerte y prolongada ligada a la gran crisis asiática a partir de 1997. Las sucesivas recaídas en 2001, 2009, 2012-13 han coincidido con acontecimientos globales que han afectado a una economía muy exportadora como la japonesa. Ninguna de estas recesiones vino precedida de señales de alerta salvo el estallido inicial de la burbuja en 1989. No se trataba de escenarios de “fin de ciclo” que pueden anticiparse de alguna forma por los desequilibrios de la economía o la formación de grandes burbujas. Simplemente la economía entraba en recesión con facilidad como si estuviera en una situación de gran fragilidad sensible a cualquier shock externo o cambio de sentimiento interno. Lo que en otras economías eran simples desaceleraciones dentro de una fase expansiva en Japón se convertían en recesiones con fuertes tensiones deflacionistas. En este sentido era muy difícil anticipar estas recesiones. Indicadores de confianza como el Tankan (confianza empresarial) se mueven de forma muy coincidente con la propia economía de forma que cuando daban una señal de alerta (niveles inferiores a cero) la economía ya estaba entrando en recesión.

Como suele suceder casi siempre el indicador que se adelantaba al resto en los giros cíclicos era el propio Nikkei. El Nikkei siempre ha anticipado los techos cíclicos de la economía por lo que es muy difícil cuando se inicia una corrección saber si la economía va camino de una recesión o si, como ha sucedido en el período 2015-16, se trata de una simple corrección del mercado. En principio la situación actual del Nikkei y del Indice Tankan apunta a la continuidad del ciclo de crecimiento en próximos meses. La superación de la zona 21.000-22.500 reforzaría enormemente las expectativas de una fase expansiva sostenible de la economía japonesa en próximos años.

Respecto a la economía europea, los indicadores cíclicos siguen apuntando a la continuidad de la fase expansiva de momento. El principal paralelismo que podríamos hacer con la experiencia japonesa es que los índices europeos se hallan inmersos desde 2000 en un gran mercado lateral en el que han alternado ciclos alcistas y bajistas plurianuales. Desde 2009 estamos en principio en ciclo alcista pero al igual que el Nikkei todavía no ha superado los máximos de 2000-2007. El ciclo alcista desde 2009 además, ha mostrado alguna fragilidad con dos correcciones bastante importantes en 2011-12 (crisis del euro) y 2015-16 (crisis Emergentes). Esta segunda corrección, sin embargo, se ha diferenciado de las anteriores en que no ha venido acompañada de un serio deterioro de la economía. Algunos indicadores como los PMIs captaron una desaceleración de la economía pero nunca dieron señal de alarma de una posible recesión. Ha sido por tanto la clásica fase de desaceleración dentro de una fase expansiva de la economía. Desde mediado 2016 esa pausa ha quedado atrás y la economía europea ha acelerado su crecimiento mientras los índices se han recuperado a las cercanías de los máximos previos. Al igual que sucede con el Nikkei, los índices europeos se encuentran cerca de una zona de resistencia muy importante en su estructura de largo plazo y su superación pondría fin definitivamente a un gran mercado lateral vigente desde hace 17 años. En los próximos meses, por tanto, va a estar en juego la posibilidad de reforzar un escenario de crecimiento económico en los próximos años o, por el contrario, el inicio de una nueva fase de deterioro de la economía que vendría acompañada de un ciclo bajista o al menos una corrección importante. Una eventual caída de la bolsa que viniera acompañada de un deterioro significativo de los indicadores económicos sería una señal de alerta en este sentido. De momento tan sólo tenemos un retroceso modesto de los índices PMIs en los dos últimos meses pero desde niveles muy elevados. Posiblemente esto sea una señal de que las tasas de crecimiento en la eurozona que han alcanzado el 0,6% trimestral (2,5% anualizado) han tocado techo y que en próximos trimestres se van a situar en niveles más sostenibles del 0,4%-0,5%. Esto no supone ninguna amenaza para la economía y la Bolsa.


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