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Prudencia frente al optimismo

por Laissez Faire Hace 7 años
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Las bolsas mundiales están alcanzando nuevos máximos históricos: el Dow Jones superó ayer la marca de los 21.000 puntos; la bolsa de Londres la de los 7.380; y el Ibex 35 también acabó rebasando los máximos de 2015. El optimismo se ha apoderado de los mercados de valores globales por diversas razones: primero, la estabilización y buena marcha de la economía mundial, que ha extendido la expectativa de mayores beneficios corporativos durante éste y el próximo ejercicio; segundo, la fortaleza específica de la economía estadounidense parece demostrarse por el hecho de que Reserva Federal haya pisado el acelerador en sus promesas de subir los tipos de interés; tercero, la esperable subida de tipos está encareciendo al dólar frente al resto de divisas (y, muy en particular, frente a la libra), lo que contribuye a mejorar las perspectivas de las empresas exportadoras fuera de EEUU; cuarto, la permanencia de Fillon en la carrera presidencial francesa se ha interpretado como un espaldarazo a las opciones de Macron frente a Le Pen, minorando así los riesgos geopolíticos en el horizonte; y, por último y quizá de manera más significativa, Trump reiteró en su discurso presidencial su promesa de bajar muy notablemente el Impuesto sobre Sociedades, lo que provocará un importante incremento de los beneficios empresariales después de impuestos.

Ahora bien, ¿cuán sostenible es este rally bursátil? Ahora mismo, las acciones estadounidenses están cotizando a un precio más de 21 veces superior a sus beneficios anuales: todo cuanto supere los 17 —la media histórica de este indicador— debe ser visto con extrema cautela y signo de burbuja. Si las actuales previsiones de beneficios futuros se mantienen, la ratio bajaría a 18 dentro de un año e incluso por debajo de 17 si se rebajara el Impuesto sobre Sociedades: de manera que las valoraciones actuales no tendrían por qué ser insostenibles. Pero, nuevamente, estamos hablando de previsiones de beneficios: si éstas fallaran o si coincidieran con algún terremoto geopolítico, las bolsas mundiales sufrirían y mucho. Invertir ahora no es necesariamente una locura, pero sí debería tenerse presente que la bolsa no está ni mucho menos barata y que, por tanto, los riesgos bajistas son crecientes.


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